EUROPEOS, TODOS UNIDOS: ¡ASALTEMOS AL CAPITALISMO!

Con quiebra financiera o sin ella, los asalariados no terminamos de pagar la crisis. Gestionada por las agencias de calificación y los poseedores de la Europa liberal, la ofensiva antisocial golpea abiertamente o de manera menos visible a las clases populares. No esperemos a que ellos traten de hacernos retroceder como en Portugal, en Grecia o en Irlanda. Impongamos la cuestión social tomando la calle y tejiendo lazos entre los asalariados y los ciudadanos europeos.

El tratamiento infligido a Grecia, a Irlanda y a Portugal es de los que matan al enfermo. El empobrecimiento de las clases populares y medias acarrea un hundimiento de la economía y priva de recursos al Estado, sin resolver los déficits. Estos países no tienen nada es común desde el punto de vista económico. Si Grecia no era un modelo de seriedad, Portugal e Irlanda eran los buenos alumnos del neoliberalismo. Basta con escuchar la cólera de Mario Soares para convencerse.

Lo que estos países tienen en común es el bajo nivel de los salarios y el precario estado de la juventud: en Grecia hablamos de «la generación de 700 euros». Y tienen también en común la dureza antidemocrática con la cual se les impuso la austeridad. Tanto en Portugal como en Irlanda son gobiernos privados de legitimidad quienes solicitaron las sangrías. En Portugal, una moción de censura abrió las compuertas del recurso a la ayuda europea, con sus insoportables condiciones.

Hacer llamados a la soberanía nacional burlada, apelar al repliegue nacional mezclado con el odio al extranjero, es una engañifa o una detestable distracción. ¿Qué cambiaría con la salida del Euro cuando los gobernantes aplican sin necesidad de ser forzados los recortes preconizados por el liberalismo de principios del siglo XXI, cuando el Estado defiende, lo mejor posible, la posición mundial de sus grandes grupos económicos nacionales?

Si hay una soberanía pisoteada es la soberanía del pueblo, es la democracia vaciada de su sustancia. Pero los pueblos no se resignan: la negativa de los islandeses a pagar las fechorías de sus bancos, la desobediencia de los griegos que decidieron no pagar más los peajes y las tasas, lo demuestra.

Frente al Pacto del Euro que intenta desterrar las subidas de salarios, que pretende constitucionalizar la imposibilidad del déficit, hay que imponer nuestras aspiraciones y reivindicaciones.

La movilización por una subida del poder adquisitivo es esencial. Esto pasa por la lucha por subidas de salarios, pero también por la extensión de la gratuidad. Lo que pone sobre la mesa la cuestión de la apropiación colectiva, en oposición a la sed de dinero y de poder de unos pocos, así como la cuestión de una fuerte reducción del tiempo de la jornada de trabajo (por lo menos a 30 horas semanales). Estas necesidades urgentes, para conseguirse, exigen una movilización a nivel europeo.

En consecuencia, nos incumbe dar a conocer las resistencias comprometidas en todos los países y en particular en los sometidos a las imposiciones del FMI, el BCE y la Unión Europea. Y recuperar el hilo de las grandes manifestaciones de 2009 contra la crisis, pero no limitarlas sólo a Francia. Las movilizaciones autolimitadas de la CES reúnen a 50.000 personas. Sin duda, una/s movilización/es con mayor voluntad podrían provocar manifestaciones de masas.

¡No paguemos más las convulsiones del capitalismo, su avidez! ¡Hagamos pagar a los accionistas y a la oligarquía! ¡Vaciemos los bolsillos del capitalismo!

Jean-Louis Le Bourhis

Rouge&Vert nº325

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