El proceso de construcción de la Soberanía Alimentaria en Castilla- La Mancha y Extremadura

Desde 1996, la Soberanía Alimentaria está encima de la mesa como propuesta para ayudar a resolver problemas medioambientales como la desertificación, el calentamiento global, la contaminación de tierras y aguas,  la disminución de la biodiversidad, la adaptación a nuevas condiciones climáticas, y socio-económicos, como la emigración y el desempleo rural, la desvalorización del mundo rural, el consumo irresponsable y el hambre.

El movimiento internacional La Vía Campesina, formado por agricultores/as, pueblos pastores e indígenas, pescadores/as artesanales y demás organizaciones productoras de alimentos de todo el mundo, propuso la Soberanía Alimentaria en el Foro alternativo a la Cumbre sobre la Alimentación celebrado en Roma ese año 1996 ante las políticas comerciales y agrarias que se estaban imponiendo basadas en la liberalización de los mercados agrarios y la revolución verde. Estas políticas se oponen radicalmente a la visión de La Vía Campesina, en la cual el modelo agroindustrial de producción, transformación y distribución de alimentos es el principal causante del calentamiento global y del proceso de desaparición del campesinado, especialmente en los países más industrializados en donde este modelo agroindustrial está en mayor medida implantado.

El modelo de la soberanía alimentaria no contempla aspectos sustancialmente novedosos, únicamente aglutina desde los valores del respeto al medio natural y la justicia social, el conocimiento y la experiencia acumulada en siglos por parte de las comunidades campesinas. Poco a poco se van sumando ecologistas y personas del mundo científico que contemplan como este modelo puede ayudar a resolver muchos de los problemas actuales que se viven a nivel global y, sin duda, también en el ámbito local.

La soberanía alimentaria plantea una lógica racional sobre los recursos naturales y productivos, éstos son limitados y debemos usarlos de manera responsable cuidando su reconstitución natural adaptando nuestras necesidades a su existencia. El agua, la tierra, las semillas y los animales están ahí y deben seguir estando en estas condiciones o mejores para que las próximas generaciones puedan vivir dignamente, y ésta es una tarea actual que estamos haciendo mal. Cada vez hay menos agua potable y en peores condiciones, la tierra fértil cultivable es también cada año menor, la variedad genética que permite una mejor adaptación al medio está siendo erosionada por los híbridos y los transgénicos, al igual pasa en las razas de los animales que se usan en ganadería. Por eso, desde el paradigma agroecológico que defiende la soberanía alimentaria los recursos son un bien común no privatizable, ya que la privatización de los recursos conlleva su uso indiscriminado guiado por intereses económicos.

El modelo agroecológico tiene en cuenta los ciclos naturales para acompañar a la naturaleza en sus procesos, en vez de obstaculizarla, a la vez que esto repercute de manera beneficiosa en la producción. Unas producciones pequeñas, diversificadas, sin uso de productos sintéticos, no sólo respetan el medio ambiente más que un monocultivo de grandes extensiones con uso de químicos, sino que producen mayor cantidad de alimentos y de mayor calidad.

La relación directa entre productores/as y consumidores/as es muy importante para mantener el tejido rural vivo y la conexión campo-ciudad, favoreciendo un consumo conocedor de sus repercusiones. Para ello, la soberanía alimentaria se basa en canales cortos de comercialización (venta directa, mercados locales, pequeñas tiendas especializadas) que minimizan los riesgos sanitarios a través de un control local de la alimentación y evitan transportes innecesarios que ahorran energía.

Al final de la cadena alimentaria, el consumo, teniendo una relación cercana con la producción,  valora y decide con mayores argumentos qué comer, qué cantidades, cuándo y demás decisiones que hacen del consumo un elemento determinante para favorecer un modelo sostenible.

Desde 1996, La Vía Campesina y organizaciones aliadas, como la Marcha Mundial de las Mujeres, grupos ecologistas y movimientos de distinto tipo que apoyan la soberanía alimentaria, vienen debatiendo fórmulas para hacer frente a las políticas que perjudican el derecho a la alimentación, el derecho de las campesinos y campesinos a producir y el control social de la alimentación. Han existido y existen luchas contra la liberalización de los mercados agrarios y los acuerdos comerciales, los transgénicos, los agrocombustibles, la especulación alimentaria, el modelo productivista, las grandes cadenas de supermercados y empresas de semillas industriales y otros insumos agrarios.

Paralelamente, en 2007, La Vía Campesina hizo un llamamiento internacional para comenzar a construir la soberanía alimentaria desde abajo, dado el contexto en el que el estamento político esta controlado por sectores económicos, entre los que se encuentran las poderosas industrias agroalimentarias. El llamado de Nyélény invita a ir enlazando producción con consumo, articular circuitos cortos de comercialización, producir de manera agroecológica, consumir conscientemente e ir estableciendo alianzas que fortalezcan estos vínculos e ir adquiriendo mayor control sobre nuestros alimentos.

El llamado de Nyélény se ha ido extendiendo por los distintos continentes a diferentes ritmos. En España, en el año 2008 la Plataforma Rural, que acoge a colectivos y organizaciones que trabajan por un mundo rural vivo, realizó un llamamiento estatal para construir la soberanía alimentaria, desde entonces han surgido movimientos locales que se han ido organizando, estableciendo contactos y creando canales de comercialización alternativos para conseguir una alimentación saludable respetando el entorno y pagando un precio justo al campesinado.

En agosto de 2011 tuvo lugar el I Foro Europeo por la Soberanía Alimentaria en Austria, en el que más de 600 representantes de estos movimientos locales de toda Europa se juntaron para proclamar la soberanía alimentaria para el continente, después de décadas de políticas agrarias que han perjudicado enormemente el medio rural, políticas comerciales que desprotegían la producción local y políticas económicas que potenciaban el crecimiento económico sin tener en cuenta las consecuencias ambientales.

La Alianza por la Soberanía Alimentaria de Castilla-La Mancha y Extremadura viene realizando encuentros anuales desde 2010, cuando tuvo lugar el primero en Villanueva de Guadamejud (Cuenca), en 2011 se volvió a reunir durante un fin de semana en la Venta de Contreras, Minglanilla (Cuenca), sede de la Plataforma Rural y Universidad Rural de La Manchuela, y en el presente año 2012 tendrá lugar el III Encuentro en Alburquerque (Badajoz).

Pero todo esto es cómo llega el movimiento general, global a nuestro territorio. El verdadero desarrollo de la Soberanía Alimentaria es el que tiene lugar en el ámbito local, que es donde la red se hace efectiva. En concreto, en el entorno de la ASAP (Alianzas por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos) de Castilla-La Mancha y Extremadura se unen numerosos grupos y asociaciones del ámbito de la producción agropecuaria y la agroecología, defensa del medioambiente, consumo justo y responsable, movimientos campesinos.

Lo verdaderamente importante y que supone una alternativa efectiva es todo el desarrollo de iniciativas que se han desarrollado desde cada uno de los grupos y entre ellos para la implantación en el territorio de los principios de la Soberanía Alimentaria, visibilizando primeramente problemas territoriales, medioambientales y políticos  derivados de las políticas institucionales.

Así, se han desarrollado actividades coordinadas de difusión y denuncia en materia de lucha contra los transgénicos, tanto en su cultivo (Castilla-La Mancha es una de las regiones españolas donde este tipo de cultivos tiene un número de hectáreas cultivadas importante), como en la distribución, que alcanza numerosos productos alimenticios habituales, y las repercusiones socio-económicas asociadas al uso de estos productos y el modelo agroindustrial que representa, en nuestras zonas rurales y sobre todo en las zonas campesinas del tercer mundo. Gran parte de estas acciones han sido promovidas por ecologistas en acción de diversas provincias de la región junto con grupos de consumidores autogestionados de las zonas de mayor visibilidad de estos cultivos, como son Albacete y el entorno de las Tablas de Daimiel.

Paralelamente a este problema del uso de transgénicos, surge la necesidad de rescatar nuestros recursos genéticos, nuestras variedades y razas autóctonas, muy amenazadas por el modelo agroindustrial que las ha relegado durante años al ámbito del autoabastecimiento familiar. La promoción de variedades comerciales más productivas, llevadas a cabo tanto por multinacionales como por instituciones públicas (entre las que se encuentra la propia universidad regional y la consejería de agricultura) ha hecho que el número de variedades cultivadas para su comercialización se redujera en estos últimos años a la cuarta parte de las que existían a principios de la década de los 70.

Como reacción a esta situación ha sido necesaria la creación, desde la ASAP, de la Red de Semillas de Castilla-La Mancha, en respuesta al peligro de desaparición de muchas variedades locales adaptadas a los suelos y microclimas específicos de nuestra región, a la vez que intentan poner en valor usos casi perdidos de distintos cultivos y recursos gastronómicos y nutricionales que solo pueden aportar este tipo de productos.

La lucha por el agua ha sido otro tema importante desarrollado en la ASAP regional. Son muchos los problemas en este ámbito que tenemos en nuestro territorio derivados del propio concepto de agua y su uso promovidos desde las distintas administraciones. El agua es ahora en la región un derecho mercadeable al servicio de la generación de riqueza económica. De esta forma, por ejemplo, se han consolidado derechos de agua para regar cultivos como el de la viña que históricamente ha sido un cultivo de secano, debido a la reestructuración varietal a variedades foráneas con mayores necesidades hídricas y a la implantación de sistemas de conducción más elevados para asumir un mayor grado de mecanización. Además, las políticas hidráulicas entre cuencas hidrográficas han contribuido también al desarrollo de esta idea mercantilista del agua y su simple consideración de ser un elemento que se comercializa mediante una tubería. Por último, esta situación de los regadíos, sumada al abuso de pesticidas en la práctica de la agricultura intensiva dominante, han generado serios problemas de contaminación de los acuíferos que han hecho saltado las alarmas, teniendo que legislar las administraciones públicas competentes medidas urgentes para intentar paliar estos efectos.

Desde las redes de Soberanía Alimentaria se han promovido en este capítulo varias iniciativas de denuncia de estas situaciones y definición de nuevos modelos de gestión y uso de este bien común. Podemos destacar en este capítulo las iniciativas llevadas a cabo en Toledo con la creación de la Plataforma en Defensa del Tajo y las jornadas realizadas en diversas comarcas sobre la Nueva cultura del Agua, donde se define y defiende un modelo de Agua basado en la idea de bien común, que recibimos prestado nuestra generación para trasmitirlo a las generaciones venideras, que es parte principal de nuestro entorno natural y que implica a toda la ciudadanía en su cuidado y gestión.

Pero en la construcción de la Soberanía Alimentaria, lo más importante es la implementación del nuevo modelo que propone, basado en una agricultura y ganaderías respetuosas con el medio ambiente y justas económica y socialmente; agroecológica y  tradicional, no necesariamente ecológica certificada; de campesinos, campesinas, pastores y pastoras, que distribuyen sus productos directamente en canales cortos de comercialización. Por otro lado, los otros eslabones de la cadena, los consumidores y las consumidoras, en unidades familiares normalmente, se agrupan en distintos modelos, asociativo o cooperativo normalmente, o simplemente como grupo social que recupera modelos como la venta ambulante o de mercados; busca un alimento producido bajo los principios antes citados y en numerosas ocasiones participan en alguna fase de la producción-distribución.

Durante los últimos dos años han sido muchas las jornadas realizadas por toda la región, desde los distintos colectivos que integran la red. Charlas informativas sobre los distintos modelos de grupos autogestionados, con las experiencias de los ya existentes, con participación de productores y consumidores, promoviendo la creación de nuevos grupos y ayudando y dinamizando los momentos de inicio, así como desarrollando la red común, el segundo grado.

El resultado a fecha de hoy, tras la suma de todas las acciones realizadas, es que existen ya grupos de consumidores autogestionados de estas características en todas las ciudades de nuestro ámbito territorial y en la mayoría de los principales pueblos, a la vez que un nuevo grupo de productores y productoras que trabajan directamente para estas redes desde los principios de respeto, justicia y naturaleza.

Y como ejemplo de una actividad realizada y promovida desde la red, sirva este trabajo de una buena ong amiga y muy activa en nuestro modelo de soberanía alimentaria, Veterinarios Sin Fronteras, con un  pequeño video que cuenta con la herramienta del humor manchego: “Dos tomates y dos destinos”

Antonio Pitule, agricultor ecológico y miembro del Núcleo de Los Alternativos – Alternativa Roja y Verde en La Mancha

Este texto ha sido realizado para dar a conocer la situación de la lucha por la Soberanía Alimentaria en CLM y Extremadura en el Encuentro Internacional de la Alternativa Roja y Verde

 

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